¿Por qué? Peligro, un mínimo al que no llegamos

Actualizado: 15 de jul de 2019


A pesar de que los beneficios de la actividad física y el ejercicio son bien conocidos (1), la población general y los pacientes/supervivientes de cáncer en particular, mantienen unos niveles de actividad por debajo de las recomendaciones del Colegio Americano de Medicina Deportiva (ACSM). De hecho, aquellas personas que han pasado por un cáncer mantienen niveles de entrenamiento aún más bajos que sujetos sin historial oncológico.

Es evidente que se necesita cierto grado de motivación para realizar una actividad. En el caso de las personas que han pasado por un cáncer, y en base a un estudio (2) realizado en Estados Unidos con una muestra de más de mil supervivientes, casi el 60% de los encuestados manifestaron que su mayor motivación para empezar a hacer ejercicio o para seguir haciéndolo (en aquellos que ya eran activos) era la preocupación por la forma en que se veían.

Paradójicamente, en los resultados sobre la cantidad de tiempo semanal dedicado a actividades de intensidades moderadas o vigorosas, este grupo de pacientes sumaba menos minutos semanales de entrenamiento que otros cuya motivación era diferente (sobre todo comparado con los que entrenaban porque disfrutaban haciéndolo).

Si parece ser que ya cuesta motivarse para entrenar, pasar de una motivación a otra no es más fácil. Algunos de los clientes con los que hemos trabajado, efectivamente querían entrenar porque habían subido de peso, perdido fuerza, porque se notaban blandos y/o porque se cansaban demasiado al hacer tareas diarias. No obstante, con el paso de las sesiones, la mayoría de ellos (por no decir todos) reconocen que, si no les gustaba el ejercicio, habían encontrado un cierto gusto, sobre todo por entrenar acompañados y supervisados por un especialista, tal y como se confirma en los estudios (3). De hecho en algunos casos ha sido tanta la influencia ejercida, que algunos clientes han cambiado sus hábitos alimenticios, abandonado el tabaco o iniciado otro tipo de actividades que les apetecía probar ya que con nosotros ya sabían que entrenaban en base a sus necesidades concretas.

Mantenerse activo no es fácil, son muchas las tareas y responsabilidades que tenemos que llevar hacia delante y las prioridades son cambiantes, pero si en algo hemos de estar de acuerdo, es que la prioridad número uno es nuestra salud y nuestro estado físico, ya que el cumplimiento de todo lo demás depende de ello. No todos los médicos y/o profesionales sanitarios tienen la capacidad o posibilidad de promover la práctica de ejercicio físico (4) , por ello, y dadas las dificultades para comenzar o mantener una actividad que tanto esfuerzo supone, el papel de los especialistas en ejercicio físico y cáncer resulta tan importante.

Nuestro papel es motivar la práctica deportiva entre supervivientes de cáncer incidiendo en sus beneficios, pero también acompañar a las personas durante las sesiones, adaptar la programación de cada día a las circunstancias que sean necesarias, resolver sus dudas y hacer de la práctica deportiva una experiencia gratificante tanto por los resultados como por la manera de conseguirlos.

Aida Tórtola Navarro. Especialista IPEFC. Sevilla

  1. Galvâo D, Newton R. Review of Exercise Interventions Studies in Cancer Patients. J Clin Oncol. 2005; 23(4):899-909.

  2. Robertson MC, Liao Y, Song J, Lyons EJ, Basen-Engquist KM. Motivation for physical activity and the moderating effect of cancer diagnosis: A nationally representative cross-sectional study. Prev Med. 2018; 3;115:8-11.

  3. Meneses-Echávez JF, González-Jiménez E, Ramírez-Vélez R. Effects of supervised exercise on cancer-related fatigue in breast cancer survivors: a systematic review and meta-analysis. BMC Cancer. 2015; 15:77.

  4. Hardcastle SJ, Kane R, Chivers P, Hince D, Dean A, Higgs D, Cohen PA. Knowledge, attitudes, and practice of oncologists and oncology health care providers in promoting physical activity to cancer survivors: an international survey. Support Care Cancer. 2018