NUNCA ES DEMASIADO TARDE PARA HACER EJERCICIO

Este es un lema que los profesionales del ejercicio físico deberíamos hacer llegar a todas las personas. En relación al cáncer de mama, diversos estudios han analizado la reducción del riesgo que su práctica conlleva. Desde un punto de vista general la evidencia nos muestra una reducción que oscila entre el 20% y el 30% (Kruk et al, 2013), con variaciones según el estatus menopáusico, raza, IMC, etc. El beneficio parece evidente pero aún existen diferentes interrogantes que están siendo investigados.

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Cuánto ejercicio físico es necesario para obtener una reducción del riesgo?. Cuando realizamos charlas divulgativas, resulta difícil conectar con la realidad de las personas. Entrenamiento de fuerza, ejercicio moderado-intenso, ir al gimnasio… Todos tenemos claro donde debemos llegar, pero es necesario que encontremos algún apoyo más cercano, algunos datos o actividades que nos ayuden a dar ese primer paso. Debemos reforzar cualquier brote de vida activa, aunque sepamos que no será la dosis óptima. Todo gran viaje empieza por un pequeño paso.

En esta línea sin duda las palabras de Sylvie Mesrine, estimulan de forma inmediata: “Mi consejo para las mujeres que todavía no hacen ejercicio es que pueden beneficiarse de comenzar en este momento, a pesar de que no haya realizado ejercicio nunca antes”. Este mensaje nos conecta con la realidad de las personas, les da un motivo y una meta alcanzable. Esta afirmación tiene su origen en un articulo publicado en Agosto de este año (Fornuier et al, 2014) donde se analiza el efecto de la actividad física recreativa, donde comprueban como el equivalente a 4h de caminata a la semana reduce el riesgo de cáncer de mama invasivo un 10%, en comparación con las mujeres menos activas. La evidencia nos muestra que podemos incluso disminuir el riesgo hasta un 30% si  la dosis de esa actividad  física aumenta (Kruk et al, 2013), pero el valor de ese 10% es enorme pues puede representar la única actividad física asumible para muchas personas y convertirse en el primer paso de un estilo de vida que abrace el ejercicio físico.

Otro aspecto muy interesante que se analiza en este trabajo es el tiempo necesario para que los beneficios sean significativos. La actividad física tiene una relación directa en la reducción del riesgo si se ha realizado recientemente, es decir, no importa que no hayas realizado ejercicio antes a lo largo de tu vida, lo que importa es que la reducción del riesgo se asocia, no con una vida haciendo ejercicio, sino a la realizada al menos durante 4 años. Esto implica que aunque se haya realizado actividad física (5 o mas años) no se asocia a una reducción del riesgo si se ha dejado de realizar hace poco años. En palabras de los autores: el beneficio es “relativamente rápido” (a los 4 años de comenzar la actividad) y ese beneficio puede desaparecer un par de años después tras dejar de realizarlo.

Un mensaje claro y cercano….

Si hacemos ejercicio que genera beneficios no podemos dejar de realizarlo. No puedo confiarme y creer que el que hice me protegerá, hay que mantener un mínimo.

Si no hacemos debemos comenzar inmediatamente.

 Si es posible he de aumentar el que ya hago, buscando profesionales cualificados.

Si quieres saber mas: http://www.medscape.com/viewarticle/830277?src=emailthis

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