Mioquinas, inflamación y ejercicio ¿Podemos controlarlas durante el cáncer?

En relación a la última entrada publicada “Ejercicio físico intrahospitalario en niños con leucemia ¿Mejora la fuerza y la calidad de vida?” comentamos que la fuerza muscular es una variable relacionada con la salud. En este sentido, durante el continuo de la enfermedad del cáncer existe una complicación llamada caquexia que se define como una pérdida involuntaria de más del 5% del peso en un periodo menor o igual a 6 meses y que posee una relación directa con alteraciones en la pérdida de fuerza muscular (1). Además, Evans y col. (2) han sugerido que los estados de inflamación continuados pueden colaborar en el desarrollo de la caquexia.


Se ha demostrado que la caquexia está asociada con una menor calidad de vida, una reducción en la esperanza de vida y un aumento de la mortalidad en personas con cáncer (3). Sabiendo que la pérdida de peso sucede, en gran medida, debido a la pérdida de masa y fuerza muscular es crucial conocer estrategias que eviten esta pérdida en personas con cáncer. El estudio que analizaremos hoy de Daou, H. (4) analizó cómo variaban los niveles de mioquinas durante el ejercicio y qué relación poseían con la caquexia.


Los estudios de Batista JR y col. (5) y de Fisher,C. (6) han demostrado que la práctica regular de ejercicio físico tiene un poder antiinflamatorio que contrabalancea las situaciones proinflamatorias derivadas de enfermedades. Recientemente, se ha demostrado que cuando se produce una contracción muscular las fibras musculares secretan una serie de proteínas que tienen un efecto sistémico y que han recibido el nombre de mioquinas (7). Una de las mioquinas secretadas por el músculo es la IL-6 que, tras el ejercicio, potencia la expresión de otras citoquinas con poder anti-inflamatorio como la IL-10 y el receptor antagónico de IL-1.


Teniendo en cuenta esto, el ejercicio parece poseer las cualidades perfectas para que una persona que manifiesta una inflamación crónica fruto de una enfermedad reduzca estos niveles de inflamación gracias a la práctica de ejercicio físico. Si logra reducir la inflamación puede ser que reduzca la pérdida de masa muscular del organismo.


Por otra parte, IL-6 inhibe la producción de TNF-α. La TNF-α es una proteína que posee relación con el apetito. El aumento de TNF-α en el organismo supone una pérdida de apetito que se traduce en una menor ingesta. Debido a que la estrategia a seguir para poder combatir la caquexia es evitar la pérdida de peso y, por ende, la pérdida de masa muscular resulta muy interesante poseer una herramienta (ejercicio) que suprima la producción de una proteína que reduzca el apetito. El estudio de Greiwe y col. (8) evaluó los niveles de TNF-α en personas de más de 75 años sin patología aparente antes y después de una intervención con ejercicio. El entrenamiento se basaba en la realización de ejercicios de fuerza 3 veces a la semana. Como resultado, Greiwe y col. (8) demostraron que aquella intervención con ejercicio había reducido la producción de TNF-α y, por tanto, se habían aumentado los niveles de ingesta.


Como conclusión, podemos confirmar según los datos anteriormente mencionados que el ejercicio tienes las cualidades idóneas para ser, junto con otras intervenciones, una estrategia útil para reducir la pérdida de peso e impactar positivamente tanto en la masa muscular como en la fuerza muscular. Además, el ejercicio parece ser un importante regulador de la ingesta energética por lo que será indispensable y gran aliado para mantener una ingesta nutricional óptima para que la pérdida de peso no sea tan exacerbada.


Aunque cada día conocemos más posibles funciones de las mioquinas y su relación con diferentes situaciones que pueden presentarse en el continuo del cáncer, no debemos olvidar que la complejidad del entramado fisiológico debe alejarnos de conclusiones precipitadas. Hasta la fecha si debemos reconocer el valor del ejercicio como mediador a través de estas proteínas, más aún cuando no ha mostrado efectos secundarios en este sentido (9). Los estudios en modelos animales son prometedores y ya disponemos de referencias en humanos que deben ser tenidas muy en cuenta (9)

Unai Perez de Arrilucea Le Floc’h

Equipo IPEFC

REFERENCIAS

1. Inui A. Cancer anorexia‐cachexia syndrome: current issues in research and management. CA: a cancer journal for clinicians. 2002;52(2):72-91.

2. Evans WJ, Morley JE, Argilés J, Bales C, Baracos V, Guttridge D, et al. Cachexia: a new definition. Clinical nutrition. 2008;27(6):793-9.

3. Andreyev H, Norman A, Oates J, Cunningham D. Why do patients with weight loss have a worse outcome when undergoing chemotherapy for gastrointestinal malignancies? European journal of cancer. 1998;34(4):503-9.

4. Daou HN. Exercise as an Anti-inflammatory Therapy for Cancer Cachexia: A Focus on Interleukin-6 Regulation. American Journal of Physiology-Regulatory, Integrative and Comparative Physiology. 2019.

5. Batista Jr M, Rosa J, Lopes R, Lira F, Martins Jr E, Yamashita A, et al. Exercise training changes IL-10/TNF-α ratio in the skeletal muscle of post-MI rats. Cytokine. 2010;49(1):102-8.

6. Fischer CP. Interleukin-6 in acute exercise and training: what is the biological relevance. Exerc immunol rev. 2006;12(6-33):41.

7. Pedersen B. Muscle as a secretory organ. Compr Physiol 3: 1337–1362. 2013.

8. Greiwe JS, Cheng B, RUBIN DC, Yarasheski KE, SEMENKOVICH CF. Resistance exercise decreases skeletal muscle tumor necrosis factor α in frail elderly humans. The FASEB Journal. 2001;15(2):475-82.

9. Pollán M, Casla-Barrio S, Alfaro J, Esteban C, Segui-Palmer M, Lucia A, et al. Exercise and cancer: a position statement from the Spanish Society of Medical Oncology. Clinical and Translational Oncology. 2020:1-20.