¿Mejora el entrenamiento psicosocial al entrenamiento físico en en niños con cáncer?

En la anterior entrada de blog sobre “Ejercicio físico intrahospitalario en niños con leucemia ¿Mejora la fuerza y la calidad de vida?” vimos que los niños con leucemia que realizaban ejercicio durante el periodo intrahospitalario mejoraron sus niveles de fuerza, su calidad de vida y, por tanto, su salud.


En esta ocasión, el artículo de van Dijk‐Lokkart et al. (1) estudia cómo afecta una intervención con ejercicio combinada con una intervención psicosocial en la mejoría de la calidad de vida en niños con cáncer. Esta intervención resulta realmente interesante en la medida en que intenta conocer un mayor número de variables que podrían implicar una mejora de la calidad de vida, y por tanto una posible sinergia.


Antes de comenzar a comentarlo, nos gustaría apuntar varios de los criterios de inclusión del estudio que exigen una edad comprendida entre 8 y 18, el hecho de haber tenido un tumor maligno y haberse sometido a quimioterapia o radioterapia. Consideramos esto como una limitación puesto que no se especifica ni el tipo de tumor que es, ni en qué zona se desarrolla. Siempre lo mencionamos y queremos que quede claro. El cáncer se puede definir como una enfermedad de enfermedades por lo que homogeneizar tanto a una muestra tan heterogénea, puede conllevar errores en la interpretación.


Comentado esto, estudios similares en los que se combina una intervención psicosocial y física han demostrado tener mayores beneficios en adultos (2) aunque todavía no existen estudios concluyentes en niños. Es por ello que van Dijk‐Lokkart et al. realizaron un estudio aleatorizado controlado con dos grupos (Control y experimental) para conocer los posibles beneficios de este tipo de intervención.


El programa realizado por los niños tuvo una frecuencia de 2 días por semana con una duración por sesión de 45 minutos y por un periodo total de 12 semanas. Todas las sesiones se desarrollaron en un gimnasio especializado en ejercicio físico y cáncer con personal cualificado.


El artículo no nos ofrece más información sobre el entrenamiento. Consideramos esto una limitación importantísima puesto que con la información proporcionada no podemos conocer la dosis de ejercicio y, por ende, correlacionar un efecto a una dosis. Precisamos de esta información, cuanto menos, para poder analizarla con detalle y reflexionar sobre la misma.

Por otra parte, el “entrenamiento psicosocial” tuvo como objetivo potenciar el aspecto socioemocional y hacer frente, de forma más positiva a los efectos de la enfermedad y su tratamiento. Este entrenamiento se llevó a cabo mediante 6 sesiones (1 sesión cada dos semanas) con los niños con una duración de 60 minutos y 2 sesiones con los padres. El entrenamiento psicosocial consistió en técnicas cognitivo-conductuales como el aumento de la autoconciencia, la expresión de características positivas de uno mismo, manejo de situaciones complicadas, ejercicios de relajación y el manejo de posibles cambios de humor con familiares y amigos.


Finalmente, tras la intervención se volvieron a evaluar variables como la calidad de vida y el resultado fue cuanto menos curioso. Tras realizar el análisis se concluyó que la percepción sobre la calidad de vida no había mejorado con la intervención combinada. Para nuestro asombro, durante la lectura del artículo pensábamos que ambas estrategias combinadas darían mucho mejores resultados. Por el contrario, las percepción sobre la calidad de vida parece mantenerse igual.


Para acabar, nos gustaría realizar una pequeña reflexión. ¿Cómo es posible que la calidad de vida si mejore en adultos tras esta intervención psicosocial ? (2) Y ¿No lo haga en niños? El propio nivel madurativo de los niños puede provocar que este tipo de estrategia psicosocial no tenga efecto en personas que no son tan conscientes de lo que está sucediendo como sí sucede con los adultos. Por otro lado, creemos que el propio cuestionario de calidad de vida posee ciertas limitaciones al realizarse a tan temprana edad.


A modo de conclusión, nos gustaría recalcar que actualmente se están llevando a cabo miles de intervenciones con el único fin de mejorar la vida de las personas que tienen o han tenido cáncer y de sus familiares. Sin embargo, necesitamos saber analizar bien los estudios y de dimensionar sus resultado (esperados o no). Debemos ser muy cautos y aceptar que no todas las estrategias han mostrado eficacia.


Además, destacamos la importante necesidad de definir bien los contenidos y las dosis de ejercicio físico, puesto que si no lo hiciéramos los profesionales del ejercicio, podríamos encontrarnos resultados positivos imposibles de analizar, discutir y aplicar. En las próximas entradas intentaremos dilucidar más aún la función de este tipo de estrategias.


Unai Adrian Perez de Arrilucea Le Floc’h

Equipo IPEFC

Referencias

1. van Dijk‐Lokkart EM, Braam KI, van Dulmen‐den Broeder E, Kaspers GJ, Takken T, Grootenhuis MA, et al. Effects of a combined physical and psychosocial intervention program for childhood cancer patients on quality of life and psychosocial functioning: results of the QLIM randomized clinical trial. Psycho‐Oncology. 2016;25(7):815-22.

2. Phillips CR, Davis LL, editors. Psychosocial interventions for adolescents and young adults with cancer. Seminars in oncology nursing; 2015: Elsevier.