Mejora de la composición corporal en mujeres con cáncer de mama tomando inhibidores de la aromatasa

«Un programa de ejercicio que incluya trabajo de fuerza y resistencia mejora la composición corporal (más músculo y menos grasa) en supervivientes de cáncer de mama que toman inhibidores de la aromata (terapia hormonal) y además ayuda a mitigar los efectos secundarios de dicha terapia». Estas son las conclusiones del estudio de control aleatorizado llevado a cabo por Thomas y cols (1) que involucró a 121 mujeres posmenopáusicas con cáncer de mama hormonodependiente.


Se estima que el 65% de las supervivientes de cáncer de mama presentan sobrepeso u obesidad (IMC>25) (2) y que la mayoría no cumple con los niveles mínimos de actividad física (3). Del mismo modo se cree que el 25-33% de los diagnósticos están relacionados con la obesidad y un estilo de vida sedentario, siendo además factores de riesgo que predisponen a un peor pronóstico, tanto en mujeres premenopáusicas como posmenopáusicas, y un incremento significativo de la recurrencia y la mortalidad (4).

En general, el tratamiento del cáncer de mama suele conllevar incrementos en el porcentaje de grasa y disminución de la masa muscular y la densidad mineral ósea (DMO) (5,6). Esto conlleva un incremento del riesgo de osteoporosis y sufrir fracturas por fragilidad, así como de enfermedades crónicas concomitantes y recurrencia del cáncer (7,8).

A ello hay que añadir que el 80% de los diagnósticos de cáncer de mama en mujeres edad posmenopáusicas son receptor hormonal positivo (8) y que el gold estándar en estos casos es la administración de un inhibidor de la aromatasa (IA) durante 5 años, lo que se asocia a una reducción significativa de la recurrencia y la mortalidad (7). Sin embargo, un efecto secundario muy común es la pérdida de DMO (9), que puede alcanzar tasas que doblan la de mujeres posmenopáusicas sin la enfermedad (10).

Además de la debilidad ósea, otro efecto secundario característico de la administración de un IA es la artralgia (dolor articular), siendo causa de que muchas de estas mujeres decidan dejar el IA, incrementando con ello el riesgo de recurrencia y mortalidad (11). Además, hay que añadir que las personas con obesidad presentan una significativa mayor incidencia de artralgia, y por lo tanto aumentando el riesgo de no cumplir con el tratamiento hormonal con IA (12).

Los autores del estudio mencionado al inicio parten de la hipótesis de que los potenciales efectos secundarios negativos en la composición corporal y la pérdida de tejido óseo con origen en la aplicación de IA, podrían ser disminuidos o eliminados mediante la implementación de actividad física regular y un programa de ejercicio. Para comprobarlo las 121 pacientes con cáncer de mama posmenopáusicas fueron aleatoriamente asignadas a un grupo de entrenamiento (N=61) o al grupo control (N=61) durante una intervención de 12 meses de duración.

El grupo de entrenamiento llevó a cabo 150 minutos de entrenamiento cardiovascular a la semana en casa, utilizando diferentes medios como cinta rodante, cicloergómetro o elíptica. La intensidad inicial fue del 50% FCmax teórica (220-edad) progresando a lo largo de las semanas hasta el 60-80%. En cuanto al entrenamiento de fuerza, este se llevó a cabo de manera supervisada 2 veces a la semana, llevando a cabo 5 ejercicios, 3 series por ejercicio y 12 repeticiones por serie. Los ejercicios fueron prensa de piernas, extensión de rodillas en máquina, flexión de rodillas en máquina, press banca y remo sentado. Para graduar la intensidad, la carga externa aumentaba si la persona era capaz de realizar 12 repeticiones de un mismo ejercicio con una carga determinada en 2 sesiones seguidas.

Los resultados mostraron que el grupo de entrenamiento obtuvo un incremento significativo de masa muscular con respecto al grupo control, un descenso de masa grasa y del IMC. No se hallaron mejoras significativas en cuanto a la DMO en ambos grupos al final de la intervención. Estos resultados y las conclusiones alcanzadas son muy esperanzadoras para las mujeres con cáncer de mama que toman IA. Por ello, queremos poner énfasis en la no mejora alcanzada en cuanto a la salud ósea.

En nuestra opinión, se podrían haber obtenido mejores resultados en relación al hueso si se hubiera implementado una mejor dosis de entrenamiento de fuerza y una mejor selección de ejercicios del mismo. En este sentido, hoy en día disponemos de información fiable que indica que el entrenamiento de fuerza de alta intensidad es seguro y eficaz para mejorar la salud ósea de estas mujeres (13–15), en las localizaciones corporales generalmente más comprometidas (columna lumbar y cuello femoral).

Además, también sabemos que la compresión generada sobre dichas localizaciones en posiciones bípedas, en las que la persona debe soportar su propio peso corporal, puede suponer un estímulo potencialmente osteogénico, así como la tensión generada por la musculatura al traccionar de los extremos óseos. Por ello creemos que la selección de ejercicios llevada a cabo en este estudio se podría mejorar de la siguiente forma:

- Cambiaríamos la prensa de piernas por la misma acción (empuje global en el hemisferio inferior) pero con una jaca

- Cambiaríamos la extensión de rodillas en máquina por una sentadilla con sobrecarga externa

- Cambiaríamos la flexión de rodillas en máquina por una progresión de ejercicios para activar la musculatura principal posterior del hemisferio inferior (isquiotibial – gluteo): shoulder bridge – hip thrust – peso muerto

- Cambiaríamos el press banca por otro ejercicio de empuje global en el hemisferio superior pero en posición bípeda

- Cambiaríamos el remo sentado por la misma acción motriz (tracción global en el hemisferio superior) pero de pie


Carlos Lloret Michán. Equipo IPEFC

Referencias bibliográficas

1. Thomas GA, Cartmel B, Harrigan M, Fiellin M, Capozza S, Zhou Y, et al. The effect of exercise on body composition and bone mineral density in breast cancer survivors taking aromatase inhibitors. Obesity (Silver Spring). 2017;25(2):346-51.

2. Jiralerspong S, Kim ES, Dong W, Feng L, Hortobagyi GN, Giordano SH. Obesity, diabetes, and survival outcomes in a large cohort of early-stage breast cancer patients. Ann Oncol. octubre de 2013;24(10):2506-14.

3. Kim RB, Phillips A, Herrick K, Helou M, Rafie C, Anscher MS, et al. Physical activity and sedentary behavior of cancer survivors and non-cancer individuals: results from a national survey. PLoS ONE. 2013;8(3):e57598.

4. Breast Cancer Facts & Figures | American Cancer Society [Internet]. [citado 16 de junio de 2020]. Disponible en: https://www.cancer.org/research/cancer-facts-statistics/breast-cancer-facts-figures.html

5. Freedman RJ, Aziz N, Albanes D, Hartman T, Danforth D, Hill S, et al. Weight and body composition changes during and after adjuvant chemotherapy in women with breast cancer. J Clin Endocrinol Metab. mayo de 2004;89(5):2248-53.

6. Saad F, Adachi JD, Brown JP, Canning LA, Gelmon KA, Josse RG, et al. Cancer treatment-induced bone loss in breast and prostate cancer. J Clin Oncol. 20 de noviembre de 2008;26(33):5465-76.

7. Saarto T, Vehmanen L, Blomqvist C, Elomaa I. Ten-year follow-up of 3 years of oral adjuvant clodronate therapy shows significant prevention of osteoporosis in early-stage breast cancer. J Clin Oncol. 10 de septiembre de 2008;26(26):4289-95.

8. Bardia A, Arieas ET, Zhang Z, Defilippis A, Tarpinian K, Jeter S, et al. Comparison of breast cancer recurrence risk and cardiovascular disease incidence risk among postmenopausal women with breast cancer. Breast Cancer Res Treat. febrero de 2012;131(3):907-14.

9. Zaman K, Thürlimann B, Huober J, Schönenberger A, Pagani O, Lüthi J, et al. Bone mineral density in breast cancer patients treated with adjuvant letrozole, tamoxifen, or sequences of letrozole and tamoxifen in the BIG 1-98 study (SAKK 21/07). Ann Oncol. junio de 2012;23(6):1474-81.

10. Limburg CE. Screening, prevention, detection, and treatment of cancer therapy-induced bone loss in patients with breast cancer. Oncol Nurs Forum. enero de 2007;34(1):55-63.

11. Murphy CC, Bartholomew LK, Carpentier MY, Bluethmann SM, Vernon SW. Adherence to adjuvant hormonal therapy among breast cancer survivors in clinical practice: a systematic review. Breast Cancer Res Treat. julio de 2012;134(2):459-78.

12. Crew KD, Greenlee H, Capodice J, Raptis G, Brafman L, Fuentes D, et al. Prevalence of joint symptoms in postmenopausal women taking aromatase inhibitors for early-stage breast cancer. J Clin Oncol. 1 de septiembre de 2007;25(25):3877-83.

13. Watson SL, Weeks BK, Weis LJ, Horan SA, Beck BR. Heavy resistance training is safe and improves bone, function, and stature in postmenopausal women with low to very low bone mass: novel early findings from the LIFTMOR trial. Osteoporos Int. diciembre de 2015;26(12):2889-94.

14. von Stengel S, Kemmler W, Kalender WA, Engelke K, Lauber D. Differential effects of strength versus power training on bone mineral density in postmenopausal women: a 2-year longitudinal study. Br J Sports Med. octubre de 2007;41(10):649-55; discussion 655.

15. Mosti MP, Carlsen T, Aas E, Hoff J, Stunes AK, Syversen U. Maximal strength training improves bone mineral density and neuromuscular performance in young adult women. J Strength Cond Res. octubre de 2014;28(10):2935-45.