El ejercicio físico SI reduce la fatiga y la inflamación durante y después del tratamiento

Actualizado: 11 de nov de 2019

Esta semana queremos hacer especial alusión a las declaraciones de Carmen, que actualmente se encuentra en tratamiento y está realizando ejercicio físico con el IPEFC . En las últimas jornadas de actualización interna de especialistas pudimos conocer su testimonio en persona. Fue increíble ver a una persona tan convencida de la utilidad que tiene el ejercicio para reducir los efectos secundarios producidos por el cáncer y su tratamiento. Especialmente su fatiga.



Aunque pueda parecer novedoso, el hecho es que el ejercicio físico y la actividad física se constituyen, hace años, como la primera terapia no farmacológica para la fatiga específica por cáncer (también conocida aquí en España como astenia tumoral) en las Guías Clínicas de la NCCN.

A este respecto, existen meta-análisis específicos donde se analiza el impacto positivo del ejercicio físico en diferentes categorías de resultados relacionados con la fatiga y es un hecho ya, constatado (2,3).

Es por ello que en la entrada de esta semana hemos seleccionado un estudio con una muestra pequeña, sencillo de entender y que a pesar de sus limitaciones, en relación al diseño del programa de ejercicio, muestra cómo se reducen los niveles de fatiga o de inflamación en personas largas supervivientes de cáncer (> de 5 años después del diagnóstico y del tratamiento).

El estudio de Serra Mc y col. (1) analizó a 11 mujeres postmenopáusicas entre 48 y 75 años que ya practicaban ejercicio aeróbico pero que eran novatas en el entrenamiento de componente neuromuscular-fuerza (a partir de ahora EF). El objetivo fue comprobar si el EF podía mejorar el bienestar de estas mujeres.

La frecuencia del EF fue de 3 sesiones por semana durante una duración total de 16 semanas. El ejercicio estuvo supervisado en todo momento. La carga de entrenamiento fue ajustada de forma individualizada a cada participante. Cada sesión de entrenamiento constaba de los siguientes ejercicios; press de pierna y pecho, extensión de rodilla, curl de piernas, remo, crunch abdominal y curl de bíceps. Se realizaron dos series de 15 repeticiones (no se indica a qué intensidad) y una tercera serie hasta el fallo (tampoco se indica el tiempo de descanso entre series) con una duración total de 40-45 minutos (no nos informan del tiempo de calentamiento, parte principal, descanso, etc.). Además, el artículo comenta que la progresión de la carga externa se incrementó cuando eran capaces de alcanzar 20 repeticiones en la 3ra serie, hasta ese momento se mantenía el peso igual.

En lo que a resultados se refiere, Serra MC y col. analizaron la fatiga con un test llamado “Piper Fatigue Scale”. Antes de comenzar con el EF los resultados fueron: 3 mujeres fatiga severa, 4 fatiga moderada,3 fatiga media y 1 no fatiga. Sin embargo, tras el EF los resultados cambiaron totalmente; ninguna tuvo fatiga severa o moderada y el 82% reportó fatiga media y el 18% no tuvo fatiga. La media en esta escala pasó de ser 4.5±0.8 a 1.9±0.2 (P<0.01).

Por otro lado, los niveles de inflamación parecieron ser tejido-dependientes pues se midieron en distinto tipos de tejidos; plasma, tejido adiposo y tejido muscular. Los resultados demostraron que el EF bajó los niveles de citoquinas pro-inflamatorias solubles como IL-6sR en el tejido adiposo y el plasma y subieron en el tejido muscular como cabe esperar por su papel antiinflamatorio.

Como conclusión, queremos mandar dos mensajes claros:

- En primer lugar, se ha comprobado como un entrenamiento de componente neuromuscular-fuerza puede ayudar a reducir la fatiga y a mejorar los niveles de inflamación en el organismo. De forma específica en cáncer de mama Schmidt y col publicaron en 2016 un Meta-análisis (4) demostraron este hecho, pero Carmen también lo constata en experiencia personal (para nosotros no es menos importante)

- En segundo lugar, a pesar de la poca especificidad que se aprecia en la intervención con ejercicio (no se conocen los tiempos de descanso, el volumen total, la progresión de la carga se hace de manera poco objetiva, etc. Además, no existe grupo control) se constatan mejoras en relación a la fatiga.

Por todo ello, concluimos que el entrenamiento de componente neuromuscular-fuerza debe estar presente para lograr reducir los efectos secundarios del cáncer de mama en personas afectadas por la fatiga a lo largo de todo el continuo de la enfermedad, incluidos los largos supervivientes. De su adecuado diseño dependerá el mayor de los efectos posibles.


Unai Adrián Pérez de Arrilucea

Equipo IPEFC


Referencias

1. Serra MC, Ryan AS, Ortmeyer HK, Addison O, Goldberg AP. Resistance training reduces inflammation and fatigue and improves physical function in older breast cancer survivors. Menopause (New York, NY). 2018;25(2):211.

2. Kessels E, Husson O, van der Feltz-Cornelis CM. The effect of exercise on cancer-related fatigue in cancer survivors: a systematic review and meta-analysis. Neuropsychiatr Dis Treat. 2018;14:479-94.

3. McNeely ML, Courneya KS. Exercise Programs for Cancer-Related Fatigue: Evidence and Clinical Guidelines. J Natl Compr Canc Netw [Internet]. 8 de enero de 2010 [citado 1 de junio de 2016];8(8):945-53. Disponible en: http://www.jnccn.org/content/8/8/945

4. Schmidt ME, Meynköhn A, Habermann N, Wiskemann J, Oelmann J, Hof H, et al. Resistance Exercise and Inflammation in Breast Cancer Patients Undergoing Adjuvant Radiation Therapy: Mediation Analysis From a Randomized, Controlled Intervention Trial. Int J Radiat Oncol Biol Phys. 1 de febrero de 2016;94(2):329-37.

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