Cáncer de mama y prevención. Ejercicio concurrente.

El cáncer de mama es una de las enfermedades que más preocupa al conjunto de la sociedad actual. Existen multitud de campañas que han logrado avanzar en muchos aspectos y que hacen que cada día la supervivencia sea mayor. En términos de investigación en el campo del ejercicio es uno de las localizaciones de cáncer más estudiadas (ACSM 2020). Se avanza con rapidez y se publican un gran número de trabajos cada año. En esta ocasión queremos aportar nuestro granito de arena a esta lucha y para ello, utilizaremos el artículo de Gonzalo-Encabo y col. (1) que analizaron cómo afectaban dos tipos de entrenamiento distintos a los niveles de hormonas sexuales y a la composición corporal, en mujeres en fase de postmenopausia y con riesgo de cáncer de mama.


En primer lugar, debemos clarificar que una alteración en la regulación de las hormonas sexuales puede provocar un aumento en la acumulación de grasa y, por tanto, propiciar otras comorbilidades relacionadas y aumentar el riesgo de cáncer de mama. Además, según Friedenreich y col. (2) los niveles elevados de andrógenos (testosterona entre otros) y estrógenos (estradiol entre otros), y los niveles bajos de globulina fijadora de hormonas sexuales (SHBG: una proteína que se une a las hormonas sexuales de hombres y mujeres) se han visto asociados con un mayor riesgo de padecer cáncer de mama.


Dicho esto, el estudio señalado es muy completo y analiza una gran cantidad de variables. Nosotros nos centraremos en las comentadas anteriormente; testosterona, estradiol y SHBG.


En este estudio participaron 35 mujeres que se dividieron en un grupo control (n=12), un grupo de entrenamiento de resistencia (n=10) y un grupo de entrenamiento concurrente (n=13). Esta intervención tuvo una duración de 12 semanas con una frecuencia de entrenamiento de 3 días por semana en sesiones de 60 minutos.


El grupo de entrenamiento resistencia realizaba un entrenamiento de carácter cardiovascular en cinta y en bicicleta al 55-75% de la frecuencia cardíaca de reserva, mientras que el grupo de entrenamiento concurrente combinaba ejercicios aeróbicos similares a los del entrenamiento de resistencia con 6 ejercicios de componente neuromuscular como press de pecho, press de piernas, remo, extensión de rodillas, extensión de tríceps, y curl de bíceps al 65% de 1 RM en 3 series de 8-12 repeticiones.


Tras la intervención ambos grupos obtuvieron mejoras a nivel físico como una mejora de la fuerza muscular o una mejora del fitness cardiovascular. Sin embargo, hubo ciertas diferencias en las hormonas sexuales y en la composición corporal. En el caso del entrenamiento de resistencia se produjo un descenso del 40% en los niveles de testosterona total mientras que en el grupo de entrenamiento concurrente hubo un aumento del 25%. En cambio, no hubo diferencias en los niveles de estrógenos ni en los niveles de SHBG para todo el conjunto de personas.


Sin embargo, también se analizaron la composición corporal y la relación entre el peso perdido y los niveles de hormonas sexuales en sangre. En este caso hallaron que aquellas mujeres que tuvieron un descenso de peso mayor a 2 kg también aumentaron sus niveles de SHBG.


Por tanto, y a modo de conclusión, vemos que el tipo de entrenamiento puede afectar a los niveles de andrógenos como la testosterona de diferente manera y que los cambios en la composición corporal pueden venir acompañados de cambios en la concentración de ciertas hormonas sexuales todos ellos en favor de la disminución del riesgo de cáncer de mama.


Sin embargo, y citando de nuevo a Friedenreich y col. los niveles de hormonas sexuales pueden suponer un factor de riesgo para las personas en fase de postmenopausia, pero no podemos afirmar contundentemente que sean el factor principal. Desde nuestro punto de vista, un entrenamiento específico e individualizado debe basarse siempre en un gran número de variables y puede ser que los niveles de hormonas sexuales sea una de esas. Sin embargo, un solo factor no puede determinar una situación tan compleja. El ejercicio media positivamente en dicha variable pero, además, en otras muchas como vemos cada semana en las diferentes publicaciones.


Al fin y al cabo, cada persona posee unas condiciones personales muy específicas, unos niveles hormonales y condiciones físicas muy diversas e individualizar siempre será clave mediante un equipo interdisciplinar.


Unai Perez de Arrilucea

EQUIPO IPEFC

REFERENCIAS


1. Gonzalo-Encabo P, Valadés D, García-Honduvilla N, de Cos Blanco A, Friedenreich C, Pérez-López A. Exercise type and fat mass loss regulate breast cancer-related sex hormones in obese and overweight postmenopausal women. European Journal of Applied Physiology. 2020.

2. Friedenreich CM, Woolcott CG, McTiernan A, Ballard-Barbash R, Brant RF, Stanczyk FZ, et al. Alberta physical activity and breast cancer prevention trial: sex hormone changes in a year-long exercise intervention among postmenopausal women. Journal of Clinical Oncology. 2010;28(9):1458.


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