Cáncer avanzado y ejercicio. Se puede y se debe

Actualizado: oct 9


El ejercicio físico debe ser considerado como una estrategia útil a lo largo de todo el continuo de la enfermedad, pero en muy pocas ocasiones se considera como parte preferente en estadios más avanzados. En general, el estatus funcional y las posibles comorbilidades existentes hace más compleja la intervención con ejercicio fisico. Este hecho supone que el número de estudios es menor que en otras fases del continuo de la enfermedad, por la clara dificultad de acceder a un número de personas estadísticamente significativa capaces de completar las condiciones de estudio. No obstante, algunos grupos de investigación han realizado trabajos muy valiosos. La información que nos aportan podría extenderse, de forma lógica, al conjunto de pacientes o supervivientes de cáncer ya que parece lógico pensar, que es el contexto más complejo para aplicar ejercicio físico. Si se muestra que es seguro y eficaz su valor es enorme.


En 2017 Heywood et al. publicaron una revisión centrada en pacientes con cáncer avanzado, sobre la seguridad y la eficacia de las intervenciones con ejercicio físico. Aunque las revisiones no sean objeto de análisis de este blog, este trabajo se hace eco de un estudio aleatorizado publicado por Litterini et al (2). Hemos querido analizar este estudio ya que contempla tanto ejercicio de modalidad cardiovascular y de fuerza en pacientes con cáncer avanzado.


¿Que proponen como programa de ejercicio?


Los autores establecen dos grupos, uno donde se realiza ejercicio cardiovascular y otro de fuerza. Determinan una duración de 10 semanas de duración total. La frecuencia fue de 2 sesiones semanales.

El grupo de fuerza realizó un circuito vertical compuesto por 14 ejercicios, 1 serie (por tanto una vuelta al circuito) realizando de 8 a 15 repeticiones. No nos indican la intensidad, sólo señalan que se ajusta la intensidad para sentirse recuperado tras 1-2 minutos de realizar el ejercicio. Se proponen alternativas de peso libre y máquinas para poder adaptar a las posibles características individuales.

La selección de ejercicios fue:

Leg press, leg extension, leg curl, hip abduction, hip adduction, chest press, lat pull down, arm curl, arm extension, seated row, overhead press, lateral raise, back extension, adjustable hi-lo pulley

El grupo de trabajo cardiovascular realizó un volumen de 30 a 60 minutos (progresando a lo largo de las semanas) a una intensidad 10-12 en la Escala de Borg (1-20). Fue necesario controlar la saturación de oxígeno e implementar soporte del mismo en los casos donde esta descendió del 90%. Los pacientes con dolor en las extremidades inferiores con dificultades para realizar la serie por problemas de columna en el medio propuesto lo realizaron en piscina (caminando).

Para poder adaptarse a todas las circunstancias individuales se emplearon:

Bicicleta estática, ergómetro de tren superior, eliptica, maquina de escalones, andador y piscina.


¿Qué resultados se obtienen y en qué parámetros?


Los autores eligen la batería Short Physical Performance Battery (SPPB), que incluye tres test, equilibro, velocidad de la marcha y sentarse-levantarse. Además emplean una escala visual de fatiga (VAS).

Lo relevante de los resultados es que ambos grupos mejoran, no existiendo diferencias entre ambas modalidades de ejercicio. La fatiga se reduce en un 24% de media sólo con dos sesiones a la semana.

Se indica además que el tipo de supervisión es un factor relevante para la adherencia y para la tolerancia al ejercicio gracias al control individual.


De los resultados podemos extraer varias reflexiones. El hecho de que la batería SPPB mejore en ambos grupos no es sorprendente, dado que tanto los medios más empleados en el ejercicio cardiovacular así como los propios ejercicios de fuerza provocan mejoras iniciales en el hemisferio inferior, el principal implicado en los test de velocidad de la marcha y sentarse-levantarse. Como puede verse en los resultados, el test del equilibrio no muestra mejoras significativas, algo también de esperar dado que estas mejoras suelen ser específicas a la tarea. Los ejercicios no suponen oportunidades de mejora de la situación evaluada de forma concreta en el test.


Es importante que tengamos siempre presente como especialistas en ejercicio todo el continuo de la enfermedad. El cáncer es una realidad compleja y a la vez dura. Solemos atender a sólo una parte del mismo. Un claro ejemplo lo constituye el hecho de que las “guidelines” o líneas generales de actividad obvian a las personas con cáncer avanzado que por características deberían disponer de al menos unas recomendaciones básicas. Además, la realidad del cáncer nos debe hacer reflexionar sobre muchos aspectos éticos. En este estudio hemos querido rescatar un fragmento que creemos representa la idea con la que cerramos esta entrada de blog:


Teniendo en cuenta que las personas con cáncer avanzado no tienen una larga esperanza de vida, reconocemos las dificultades éticas de asignar participantes al azar a un grupo de control de ejercicio o empleando un diseño cruzado. Nosotros optamos asignar aleatoriamente a los participantes en grupos paralelos, proponiendo dos modalidades de ejercicio en lugar de dejar a un grupo sin ejercicio. Ya que asumimos que las personas interesadas en el estudio lo estaban en el ejercicio.


BIBLIOGRAFÍA


  1. Heywood R, McCarthy AL, Skinner TL. Safety and feasibility of exercise interventions in patients with advanced cancer: a systematic review. Support Care Cancer Off J Multinatl Assoc Support Care Cancer. octubre de 2017;25(10):3031-50.

  2. Litterini AJ, Fieler VK, Cavanaugh JT, Lee JQ (2013) Differential effects of cardiovascular and resistance exercise on functional mobility in individuals with advanced cancer: a randomized trial. Arch Phys Med Rehabil 94:2329–2335

Manuel Martín. EQUIPO IPEFC